martes, 2 de mayo de 2017

LLO SERÍA UN PERFECTO DROGADICTO.

Cumpliría con todas las obligaciones y la liturgia. Llegaría puntual a la cunda.

Con unos ingreDIENTES bien aliñ(e)ados: impulsividad, obsesión, cíclico vacío existencial, necesidad de emociones nuevas... me engancharía muy bien a la droja.

Disfrutaría con cada subidón y me ilusionaría con la siguiente dosis.

Tendría amigos de mentirra y compañeras de consumo que las haría novias CAMAradas.  

Me estremecería con cada pico (de ziebre).

Tendría una época oscura, un hijo ilegítimo. Volvería y naide sabría en qué he estado. Me haría con un discurso bizarro que proclamaría a los cuatro vientos, y todo el mundo se miraría seguro de que no llevaba razón.

Estaría todo el día de aquí para allá y llenaría mi vida de las tareas habituales que generan los problemas.

De esta gente que tiene una vida normal y no puede vivir en paz, que se comienzan a inclinar a algo: a las tragaperras, al alcól o a cualquier otra cosa oscura y la lía parda, destruye todo.

Pillaría la ipatitis, el estafilococo meticilín resistente y tendría bacterriemias.

Tiraría por una ví(d)a parenteral.

Tendría enfermedades y sentimientos oportunistas.

Me bajaría a la Cañada, a las Llamas, a Buenos Aires, a Valdemingómez, al Alemao, a Constitución, al Moro.

Sacaría chepa y andaría deprisa.

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