sábado, 6 de mayo de 2017

LA CASTILLA Y LEÓN VACÍA.

Sergio del Molino y un programa de Salvados ilustran la realidad de la “España vacía”, una parte del país despoblada y atrasada en muchos aspectos con respecto a la España urbana.

Esta realidad, consideraciones nacionales aparte, es compartida por otros muchos en distintos continentes.

Lo demográfico y lo sociológico nos lleva invariablemente a lo político.

En algunos países esta fisura está siendo muy explotada en términos electorales (Trump, Le Pen). El discurso crea la realidad o la realidad crea el discurso (o ambos) de una población rural resentida y enfadada con el sistema, que les excluye.

Es fácil ver que esta estrategia es exportable a nuestro país, con matices. ¿Por qué no está siendo el caso?

Tomemos el ejemplo de Castilla y León, España profunda y vacía. Unas hipótesis.

Este descontento no puede ser capitalizado por la derecha, que lleva décadas en el poder y ha contribuido claramente a perpetuar esta dualidad.

Lo ideal sería que fuera la izquierda la que lo hiciera, máxime cuando es el mismo capitalismo el que por tendencia natural concentra la fuerza de trabajo y las infraestructuras en la ciudad y abandona al medio rural.

La izquierda cuenta con el inconveniente del sesgo conservador del medio rural, multifactorial (edad y otros). Este sesgo es cuestionado por algunos autores.

Es la oportunidad para unas fuerzas progresistas con unas buenas estrategias populistas, apelando a las emociones (el arraigo, las tradiciones, los antepasados, la emigración campo-ciudad), construyendo bien los antagonismos en el sistema capitalista y no en la España urbana.

Si logran conectar con esta realidad maximizarían sus posibilidades electorales y quizá, mucho más importante, conseguirían abrir una grieta desde donde cambiar el signo político del medio rural, tan decisivo en el reparto electoral, pues la Ley Electoral se diseñó potenciando el peso rural, tradicionalmente conservador. 

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