martes, 16 de mayo de 2017

COMUNISMO LIBERTARIO

Nos conocimos en Barna en Mayo del 37, cuando quisieron desalojarlas del edificio de LA Telefónica.

Entramos con un destacamento de colaboración esa misma mañana, y ocupamos lo primero las salas de máquinas. Comenzaron a llegarnos armas para repartir. Enseguida bajaron ellas y empezaron a gritarnos y a invitarnos a que nos fuéramos, con muy mala hostia.  

A mí me sorprendió por su virulencia y le pregunté a Santi que quién era. Me dijo que se comentaba que era ella la que había cortado la conversación entre Azaña y Companys, porque la CNT controlaba y espiaba las comunicaciones telefónicas de la Generalitat, irrumpiendo entre los dos y diciendo que “las líneas debían usarse para cosas más importantes que la conversación entre dos presidentes” jjj. También decía que una vez la habían visto tomando café con Federica, antes del Ministerio.

Como nosotros nos achantamos y ofrecimos una disposición conciliadora, enseguida nos reclutaron para bajar a la segunda planta al rellano, porque se estaba liando ahí contra el departamento de censura del Gobierno autonómico.

La recuerdo asomándose por una esquina, y el retroceso brutal del Mauser que disparaba, que apenas podía sofocar.

Yo me acojoné y pasé aquel rato disimulando que hacía algo, pero lo que únicamente esperaba era que la algarada se diluyera.

Cuando los censores del PSUC bajaron los brazos, agarró a uno del gañote y le sacó de muy malas maneras hacia la escalera. Según avanzaba por el pasillo, casi asfixiado, el tipo me miró con los ojos prácticamente en blanco y pude reconocer al Martí, con el que yo había compartido algunas asambleas antes de pasarme al POUM, cuando comenzaron las purgas y el autoritarismo soviético en el partido, inspirado por lo que se estaba haciendo allá en la URSS.

Le tiró a los brazos de otros compañeros y agarró violentamente el mío. Me empotró prácticamente contra el ascensor: Vamos, melenitas – me dijo. Me hizo gracia su atrevimiento de llamarme así, que no me conocía de nada. Subimos a la cuarta planta y asomando el rifle por entre el final de la persiana pegó unos tiros al aire, con lo que logró que gran parte de la multitud agolpada en la plaza se dispersara.

Salimos del edificio aprovechando que el tapón humano había cedido y nos metimos en un blindado que le esperaba. - Nos vamos a la barricada, melenitas – me dijo-. Al parecer necesitaba a alguien que le cubriera la retaguardia, porque se preveía movimiento.
 
La CNT controlaba el sector oeste de la ciudad y había que poner en sobre aviso a milicianos en los suburbios bajo su mando. Recuerdo que el vehículo circulaba a toda velocidad, y en un momento ella abrió una ventanilla, porque el sonido de los disparos había cesado hacía rato ya. Tenía el pelo moreno, largo y rizado. Ondeaba al viento y podía olerlo cuando se estampaba contra mi cara. Olía a una mezcla racémica de pólvora y coloña.

Aquella tarde recorrimos las líneas de la CNT para organizar lo que se temía iban a ser unos días de enfrentamiento.

Aurora era de Burgos, zona nacional antes incluso de que existieran los nacionales jjj. Había trabajado en el comercio y había transitado de las ideas y la forma de vida anarquistas hacia el libertarismo. Se había ido desplazando hacia el norte de manera sincrónica a los movimientos  de Durruti, y había sido influida y atrapada en la órbita de Los Solidarios, grupúsculo.

Yo era de Madrid y había transitado hacia Catalunya también, y de la misma manera, del comunismo institucional y de aparato del PSUC cuando estalló la Guerra Civil al POUM después, motivo por el que fui odiado fuertemente por el Politburó del primero.

En aquel día, el 3 de Mayo de 1937, todo confluyó: el tiempo y el espacio (político).

Aurora y yo nos parecíamos en todo pero no nos parecíamos en nada. Para ella la política era un trasunto de la vida y para mí la vida era un trasunto de la política. Para ella los valores de la libertad, la creatividad, lo complejo, los colores, los matices, las discusiones interminables, la acción directa, la autogestión, el desde abajo.

Yo había sido educado en la disciplina del partido, en la austeridad marxista, los espionajes y la purga, el desde arriba, la vanGUARDIA del partido que iba a ser el que iba a hacer la revolución, el por cojones y sobre todo había mamado desde joven la clandestinidad. Tenía ahora un problema muy grande y es que no podía vivir una vida en A, una vida normal, porque a mí me ponía mucho la clandestinidad, ya no sabía vivir de otra manera. Si no había nada clandestino que hacer me lo inventaba jj. También la estrategia y tacticismo, concepto tan leninista. Si todo era normal, que había que hacer algo que te salía solo, yo aplicaba estrategia, aunque fuera para terminar haciendo lo mismo jj.

Aquella tarde fuimos a ejemplificar la historia reciente de la izquierda española en los tiempos de la Segunda República y la rebelión militar, y sus conflictos para gobernar la vida política y/o social en el contexto del enfrentamiento al enemigo fascista, que era lo principal pero que siempre parecía lo último y menos importante. Un crisol lleno de matices entre los dos, en el que nos unían más cosas de las que nos separaban, pero en el que estábamos dispuestos a llevar nuestras ideas hasta las últimas consecuencias aunque eso nos enfrentara. A la vez nos queríamos y nos respetábamos por encima de todo. Fuimos capaces de lo mejor y de lo peor todos aquellos años inolvidables, aunque finalmente trágicos. El principio de siglo de las grandes ideologías, las grandes pasiones políticas. No se podía otra cosa sino militar, y por consiguiente nos convertimos en milicianos.

Dentro de nuestras diferencias había un hilo rojo que nos unía, un cemento que nos servía de amalgama: Leon Trotski. Él fue capaz de rePRESENTAR una alternativa al centralismo burocrático estalinista e inspirar en España una alternativa revolucionaria a lo que se denominaba las fuerzas de gobierno, inmóviles y finalmente representantes políticos de la clase burguesa. Al movimiento democrático-liberal en España le crecía por la izquierda una fuerza anarcosindicalista.

Y ahí, en los sucesos de Mayo, en el edificio de la Telefónica, el día 3, todo cristalizó. Y ahí, entre ella y yo, tuvo lugar la conjunción de dos derivas que iban a parir un movimiento que soñaba que las cosas podían ser de otro modo.

A Trotski, ironías de la vida, le acabó asesinando un militante del PSUC en México, partido incrustado en la representación institucional contra la que luchamos aquellos días.

Esa noche terminamos amándonos en el suelo del blindado. Cuando me di cuenta me había colonizado el celebro y el corazón aunque no lo supiera ver en un primer momento, como al Gobierno le había estallado una sublevación militar el 18 de Julio y se empeñaba en repetir que la situación estaba bajo control jjjj.

Alumbramos un nuevo rumbo de la política y de la historia desde nuestras posiciones de origen: la del Comunismo Libertario.

A la mañana siguiente me desperté en el vehículo de asalto y ya no estaba. No volví a saber de ella.

Las grandes epopeyas y las grandes pasiones siempre terminan con un desgarrador acto final, que hace que todo vuele por los aires. Por eso me supo tan mal aquel final tan doméstico y vulgar.

El Santi intentó averiguar y pensaba que podía haber estado en el Valle de Arán en el 44 y luego incluso haber seguido en el maquis, pero que se retiró enseguida por sus diferencias con el PCE.

No hay comentarios:

Publicar un comentario