lunes, 3 de octubre de 2016

VIAJES QUE NUNCA FUERON

Entre la interesante fauna que puebla los hostel hay una figura que me parece especialmente tierna. Es esa persona que sacó un billete con la pareja, rompieron antes de ir y termina yendo sola.

Ahí anda siempre, un poco perdido de la mano de dios, como un pollo sin cabeza. El cuerpo en un sitio y la mente en otro. Ahí los veo en las discotecas, buscando la nada, dando tumbos, intentando besar en la penumbra de la noite a una persona que está a 10.000 km de distancia. En esas raras ocasiones en las que lo difícil es no ligar, ahí andan ellos, rompiendo la estadística.

Nunca una presencia que justamente no está se hizo tan evidente. Nunca fue tan fácil ganarse una confianza y una compañía.

Ahí, volviendo de la joda al hostel, mamados por el dolor, mirando en la litera de abajo el techo (de la arriba). Desde ahí les hablo y responden con el habla medio entrecortada, asumo que para transar con el gimoteo.

Ahí anda, recorriendo por el día solo los sitios donde debieran ir juntos. En el fondo no va solo porque la otra persona va en la cabeza. Visualizando el día de regresar. Buscando de continuo en la realidad señales que terminen de completar su tristeza y desesperanza.

Un día, pensando esta realidad, pude llegar a un objeto de conocimiento mucho más dificultoso. Pude dar cuenta de una versión más oculta de este fenómeno. Y es el que finalmente se queda. Es mucho más oculto porque como se queda en su casa no le veo ni le conozco, pero me han dicho.

Decide anular el viaje y se queda quince días en casa, con las persianas bajadas, en calzoncillos, comiendo arroz con tomate. Yo conozco a uno que fue a Bangkok sin salir de la habitación. Se coge una guía de viajes y reconstruye un viaje imaginario. A ése llo lo considero un verdadero escritor, porque es capaz de edificar un mundo sin los mimbres de la realidad y la experiencia. Pide comida china, le echa un poco de tabasco y la hace pasar por tailandesa. Pide también mujeres a domicilio, como quien pide el servicio de urgencias porque tiene un vértigo. Pregunta si hay alguna oriental en el catálogo. Se queda ahí recluido, en una mezcla de tristeza y vergüenza. Un día le marqué el número fijo de casa para hablar y me dijo que no podía quedar porque estaba en Tailandia. Se fabrica unas fotos en el templo blanco con su exnovia con el fotoshop. En la fecha marcada para la vuelta no se lava el pelo ni se afeita en un par de días, para llegar en condiciones adecuadas. Baja a por un gatito dorado que sacude la mano al chino de barrio, para hacerlo pasar por un suvenir. Le preguntan en el trabajo y resume las bondades del lugar con solvencia.

Qué les vas a decir. A cuántos sitios diferentes e imaginarios hemos ido sin movernos de casa.

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