martes, 30 de agosto de 2016

29

Esta mañana saliente de guardia me acordé de un compañero de residencia, de cuando trabajaba en el hospital.

Se colgó muy fuerte de una compañera con la que salió un tiempo, pero finalmente ella le dejó, y no le quiso casi volver a hablar.

Él andaba mendigando como alma en pena cualquier tipo de migaja.

Miraba los días que ella tenía guardia y cuando dejaba la habitación para irse a casa, se metía un rato en su cama a olisquear su cuerpo ausente entre las sábanas.

La señora de la limpieza, que recogía y hacía las camas, conocía perfectamente esta circunstancia y la toleraba.

Un día escuché que le dijo que oliera rápido, que tenía que ir al banco, y que tenía prisa.

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