viernes, 1 de julio de 2016

HABITANTES DE UNA SOLA CIUDAD

Hay gente que pasa todos los días de su vida por el mismo sitio. Gente que ha visto crecer a una persona con la que se cruza a diario y que nunca le ha dicho nada. Ni que tiene mala cara, ni que qué le pasa hoy, o que si eso que lleva en la bolsa del Corte Inglés es porque es su cumpleaños. Gente que según a la altura a la que te cruces en tu trayecto diario sabes si llegas tarde al trabajo o no.

Hay gente a la que el sitio donde dio su primer beso, donde se hizo el primer peta, donde conoció a la que hoy es su pareja y donde cometió sus pecados le queda en la misma manzana (prohibida). Eso sí que es un pecado original.

Hay gente que aunque lleva toda la vida en el mismo escenario con los mismos focos apuntando a los mismos rincones se esfuerza porque el guión y los personajes sean diferentes, y que a veces hasta lo consigue. Hay que gente que va todos los días a los mismos bares y que cada día les gustan más.

Hay gente que a la primera de cambio te suelta que en Madrid no podría vivir, así, sin venir a cuento.

Hay gente que tiene la ciudad desplegada en su cerebro. Eso es a lo que creo que llaman mapa cerebral. Que al igual que algunas personas piensan con sintagmas, fonemas, lex(x)emas y complementos directos otras lo hacen con plazas, callejones sin salida y rotondas. Sobre todo la gente a la que le gusta dar rodeos.

Hay gente que te vas de España diez años y cuando vuelves están sentados en el mismo taburete de la misma barra con la misma cerveza. Hay gente mítica que toda la ciudad sabe quiénes son y que todo el mundo les llora el día que se mueren.

Hay un relato para cada ciudad y cuando lo has terminado de leer ya te has muerto de lo complejo y lo largo que es.

No hay una cosa más parecida al amor que el urbanismo.

Hay gente que no se puede escapar de la ciudad porque tiene los hijos o la plaza fija o la hipoteca y que tienen que buscar todo el rato una ciudad que no es dentro de la ciudad que es, y que o se desquician o se descojonan en el intento. Hay gente que dice que quiere que Zamora sea Río de Janeiro y que consigue que San Lázaro sea Botafogo, Vistaalegre la Barra o Los Pelambres Copacabana. Hay gente que se va al barrio de Buenos Aires de Salamanca y reposta en Repsol como si fuera YPF.

Hay gente que solamente hizo el amor con una persona como conoció una ciudad de la que nunca salió.

Hay gente que se va a 10.000 km de distancia a buscar una cosa que un día se da cuenta de que está dos calles más abajo.

Hay gente que como no puede viajar al extranjero hace que el extranjero venga a ella, y en un encuentro en un bar de su barrio son capaces de viajar a sitios remotos, y tener esa extraña sensación que se tiene cuando se entra en las oficinas de una aerolínea o en una oficina consultar de una embajada.


Hace bastante tiempo, cuando escribía con un pseudónimo para un periódico universitario, dije que yo quería coger un autobús urbano y llegar al fin del mundo. Creo que sigue siendo cierto. 

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