martes, 1 de marzo de 2016

Sangre, SUDOR y lágrimas.

Mientras la sudoración constituye una anomalía en Castilla y León, es la norma en Río de Janeiro. En Castilla la vieja sólo se suda cuando algo malo sucede, como que has tenido que echar una carrera porque perdías el bus de Madrid o te han dicho que se te ha muerto un padre de repente. También se suda de vez en cuando si tienes que hacer una RCP (Reanimación Cardiopulmonar), básicamente. Es curioso, porque en Zamora te haces una sudada por cualquier cosa y sientes que puedes oler mal, sin embargo en Río (tra)sudas la camiseta durante toda la mañana y ni se te ocurre que puedas ofrecer ese aroma. A parte de esto Botafogo es como San Lázaro, guardando las proporciones y salvando las diferencias; que no viene a cuento pero que siempre quise decirlo.

Las chicas en Río sudan colonia. Saben sudar con mucha elegancia, como en capa fina, sin concentrar las gotas, al revés de como se agregaba el viejo mercurio de los termómetros de antes, y a lo que se jugaba ignorando su toxicidad letal. 

Yo nunca había visto antes de ir a Río que pudiera manar agua a chorro de entre los poros de la piel. Había visto anegarse el territorio como la sangre tímida ocupa los espacios declives en algunas situaciones, en un proceso que se podría clasificar de pasivo. Pero no que emerja como una fuente que fabrica gotas. Las células epidérmicas se disponen en celdillas como el pavimento de las calles y el sudor o el agua de lluvia ocupa todos los espacios entre ellas, con lo que se constituye un torrente que se desborda y termina cerca del bordillo de las aceras o en el ignoto destino que le esperan a las gotas emitidas de sudor.

La clase baja pasa mucho calor porque vive en las zonas más alejadas del mar y los fines de semana no se mueven de la playa. A la clase alta el sudor se le seca con el chorro bien fuerte del aire acondicionado. Hay que ser carioca para diferenciar las situaciones que requieren ventilador de aspas de techo o aire acondicionado. Para manejar esos tráficos de laundry que van y vienen. Para saber cuándo ducharse y cuándo no. Un carioca nunca te niega un vaso de agua gelada, una toalla limpia y una ducha que llevarse al cuerpo y al alma. Un carioca pinta la vida con los colores de los retuladores Carioca.

En las noches cerradas, calurosas e inverosímiles de Río de Janeiro es muy fácil confundir el sudor con las lágrimas.
Sudar en el justo momento de salir de la ducha. Subiendo las lomas de Santa Tereza. En los motelitos de Nossa Senhora. Sudar fu(n)d(i)endose. Sudar en tRío de Janeiro. Sudar al darte cuenta de que llevas desde la hora del almuerzo con una piel de feijao o una brizna de hortela entre los dientes. Y ese sudor frío central de la resaca.

Dicen que algunos animales de sangre caliente como los perros y los gatos carecen de glándulas sudoríparas, por lo que deben regular su temperatura corporal mediante otros mecanismos como el jadeo. Lo mismo pasa en Río.

Hay una compañía de antitranspirantes que se llama “Perspirex”, que tiene como slogan “El sudor no se lleva”. Vaya gilipollez. No hay nada más se(ns/x)ual que el sudor.  

Roberto Sánchez
Río de Janeiro, Salamanca; marzo de 2016. 

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